¡Pssst! ¡Despierte, señor blog!
Tras la pausa que he tenido que tomarme para terminar el curso, retomo el blog justo por donde lo dejé. Seguiré como antes sin decepcionaros: como una idiota sin puñetera gracia a la que le gusta hacerse la profunda.
Ya han pasado casi dos semanas desde que terminé mi último examen de junio. En estas dos semanas me ha pasado de todo: he madrugado, me he despertado tarde, ¡e incluso he dormido siestas! He dormido cabeza arriba, cabeza abajo -¡con lo malo que es para la espalda!- y vuelta hacia ambos lados. Por cierto, recomiendo precaución a aquellos lectores valientes que estén acostumbrados a dormir contra la pared a un lado de la cama y decidan innovar probando el lado contrario: en lugar de una pared, encontraréis muy seguramente aire, y probablemente una mesita de noche cuyos bordes jurarías que no estaban tan afilados cuando te acostaste.
Y si a alguna conclusión he llegado durante este tiempo, es a la siguiente: estar de vacaciones me aburre mortalmente. Y peor es tener todo este tiempo libre en verano, pues en mi ciudad hace un calor tan insoportable que sólo unos pocos suicidas salen de casa antes de las siete de la tarde.
Así que he innovado para crear mi propia forma de entretenimiento. En primer lugar, y con el propósito de rebajar las calorías de los helados, he inventado una nueva modalidad deportiva que mezcla footing -o jogging, o como coño se le llame ahora a lo que ha sido correr de toda la vida- con aerobic y una dieta muy estricta, a base de helado de chocolate de marca blanca. Lo llamo veraerobic.
Lo bueno de este deporte es que se puede practicar en la comodidad del hogar y bien fresquitos. Y lo único que necesitamos es música motivadora y un ventilador o aparato de aire acondicionado. Esto es importante, pues el aire tiene que darnos en la cara para tener una falsa sensación de velocidad.
Ahí me preparo yo: con el plato de helado de chocolate delante, en el escritorio de mi habitación, y una cuchara sopera para ir cogiendo cucharaditas. Me pongo ropa cómoda y las deportivas que me compré por siete euros aquel día que llevaba los pies tan mal que caminaba como Chiquito de la calzada. Pongo música bailable de los ochenta y empiezo a correr en el sitio, mientras muevo los brazos.
¡Qué sensación! ¡Qué frescura! El aire azota mi pelo y me siento como la protagonista de un videoclip corriendo como una loca con Holding Out for a Hero puesta a todo meter. No quiero parar, ¡no puedo parar! ¡¡¡Quiero pasar horas así!!!
Tres minutos y medio después, aproximadamente, estoy en la cama tirada, ventolín en mano, y deseando recuperar el aliento para tomarme el helado de chocolate, que se ha derretido antes por culpa del ventilador a toda potencia. ¿Ya me he terminado la tarrina? En serio, ¿acabo de tomarme un litro de helado?
Mañana más. Ahora tengo que aprovechar que atardece para salir de casa. Pero antes, necesito con urgencia otra ducha. ¡Qué alegre es llevar una vida sana!
¡BBMM!
1 comentario:
A riesgo de que nos intenten abrir la cabeza, que tire la primera piedra aquel o aquella que no ha hecho esto mismo alguna vez...
Tanto "carreras estáticas" ante el ventilador como lo de mover el pelo de un lado a otro para que el fresquito te de por la espalda (es lo mejor de tener el pelo largo :p)
En fin, me alegra ver que como bien dijiste, tras tus clases retomarías las cosillas que tenías colgadas ^^, yo debería hacer lo mismo pero a este paso será después de la mudanza...
BBBB :3
Shito
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