Es universalmente conocido que el método estrella de cortejo de los hombres es un buen baile. Claro que algunos de ellos bailan como si los hubieran pegado con silicona al suelo, y otros como si llevaran un ratón metido en los pantalones, pero eso no los asusta. Ellos siguen frente a ti, saltando, como si tu mohín fuese una sonrisa.
Este mismo método emplea el ave fusil para sus ligoteos. Pero reconozcan los lectores masculinos que un pajarito lo hace mucho mejor que ellos. Este animalito australiano, con la apariencia de señor estirado vestido con una levita de luto y un alzacuellos brillante tiene uno de los cortejos más hermosos de la naturaleza, un seductor, de ahí que el nombre de su género difiera de la palabra “clítoris” en una sola letra.
El proceso es el siguiente: El macho lanza un silbido a la hembra como si llamara a la camarera de la selva, y cuando se posa en la rama, comienza un baile frenético con las alas extendidas, realizando movimientos espasmódicos con la cabeza de un lado a otro, igual que si mirara el partido de tenis más rápido de la historia. Después, envuelve a la hembra y le aplaude en la cara con las alas. ¡Ala! ¡Ya estás fecundada!
Algunas lectoras pensarán que es una mierda de polvo. Otras, que es mucho más de lo que tenemos ahora. En cualquier caso, la hembra se va la mar de contenta a la cafetería, a contar a sus amigas lo mucho que dura su novio. ¡Dos segundos!
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