miércoles, 19 de enero de 2011

El Aye-aye

Algunos animales son tan ridículamente feos que resultan entrañables. Esta semana os traigo un claro ejemplo de ello: el aye-aye.
No, no es una rata clamando venganza, ni un cerdo que haya sobrevivido por los pelos a la parrillada del domingo pasado. Esta criaturita de Madagascar está emparentada con los lémures, por lo que es un primate. Es tan peculiar que se trata de la única especie viva de su género. Y a primera vista pensamos que eso se debe a que es tan feo que sus familiares dejaron de reproducirse entre ellos.
Y con todo, y con todo... cuando te fijas en esa cabezota con ojos saltones y las orejitas que podrían usar como mantas, resulta adorable. Dejas escapar un gemidito de ternura, e incluso no descartarías la posibilidad de acariciarlo.
Eso sí, un aye-aye recién nacido no inspira ninguna confianza. Es como un gremlin muy pequeño recién salido de la ducha, con cara de malo y todo.
El aye-aye es una clara muestra de que la belleza está en el interior. Y es taaaaan moooono...

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